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El Síndrome Metabólico y el Hígado Graso

El Síndrome Metabólico y el Hígado Graso El Síndrome Metabólico y el Hígado Graso
20 feb. 2020 02.51p.m.

Conoce de qué se trata y su relación con esta enfermedad hepática

¿Qué es el Síndrome Metabólico?

Síndrome metabólico es el nombre de un grupo de factores de riesgo de enfermedad cardíaca, diabetes y otros problemas de salud, entre ellos la obesidad central y el hígado graso. 

Un paciente puede tener un solo factor de riesgo, pero a menudo las personas tienen varios de ellos al mismo tiempo. Si tiene al menos tres, se llama síndrome metabólico. Estos factores de riesgo incluyen:

  • Una cintura grande, lo que significa una medida de cintura de:
    • 35 pulgadas o más para mujeres
    • 40 pulgadas o más para hombres
  • Un nivel alto de triglicéridos (150 mg / dL o más)
  • Un nivel bajo de colesterol HDL, que es:
    • Menos de 50 mg / dL para mujeres
    • Menos de 40 mg / dL para hombres
  • Presión arterial alta, (130/85 mmHg o más)
  • Un nivel alto de azúcar en sangre en ayunas (100 mg / dL o más)

 

Los investigadores creen que el síndrome metabólico es una enfermedad genética, es decir, que se transmite en los genes de una familia, de una generación a la siguiente.

Sin embargo, no se entiende completamente por qué se produce el síndrome metabólico pero si se sabe que las personas que lo padecen tienen un mayor riesgo de sufrir un infarto de miocardio o una enfermedad arterial coronaria.

Entre las causas del Síndrome metabólico se plantea: La hiperinsulinemia que es una enfermedad en la que se bombean grandes cantidades de insulina a la corriente sanguínea.

Normalmente, el páncreas libera insulina cuando uno come ciertos alimentos. La insulina es una hormona que ayuda a las células del organismo a aceptar el azúcar (glucosa) que les da energía.

Si las células se vuelven resistentes a la insulina, se necesita más insulina para que la glucosa penetre en las células. Por consiguiente, el organismo produce más insulina, la cual es bombeada a la corriente sanguínea.

Cuando hay mucha insulina en la corriente sanguínea se aumenta el riesgo de sufrir un infarto de miocardio, porque la insulina:

  • Eleva los niveles de triglicéridos.
  • Reduce los niveles de lipoproteínas de alta densidad (HDL o «colesterol bueno»).
  • Eleva los niveles de lipoproteínas de baja densidad (LDL o «colesterol malo»).
  • Hace más difícil que el organismo elimine las grasas de la sangre después de comer.
  • Eleva la presión arterial.
  • Aumenta la capacidad de coagulación de la sangre. 

 

El incremento en la prevalencia de síndrome metabólico (SM) a nivel mundial es alarmante, más aun si tomamos en cuenta que es considerado un factor de riesgo para el desarrollo de diabetes, o un estado prediabético, por ser mejor predictor de diabetes que solo la intolerancia a la glucosa.

En países como Estados Unidos y México, la prevalencia del SM es alrededor de 25% de su población adulta.

La obesidad en general está teniendo importancia en el mundo por el considerable incremento en su prevalencia, siendo estimada para el año 2008, según la OMS, en 1,5 billones de adultos mayores de 20 años, con mayor prevalencia en mujeres.

Desde el año 1980, el mayor incremento se ha dado en América Latina, en el norte de África y Oceanía. Es alarmante los datos sobre obesidad en niños donde, para el año 2010, 43 millones de infantes menores de 5 años, fueron diagnosticados de obesidad. 

La edad de diagnóstico de personas con SM ha disminuido progresivamente a lo largo de los últimos años. Hace unos 25 años, cuando se empezaba a realizar publicaciones sobre el síndrome, el mayor riesgo estaba en personas de 50 años o más.

Sin embargo, en la actualidad se ha presentado un incremento en la prevalencia y se está considerando como grupos de riesgo a personas de entre 30 a 35 años en promedio.

Es interesante ver que en la actualidad existe un incremento de obesidad y síndrome metabólico en jóvenes, y que desde etapas tempranas de la vida hay una tendencia hacia la mala alimentación (alimentos rápidos, exceso de consumos de harinas refinadas y bebidas azucaradas) y escasa actividad física en la población general.

¿Cómo se relaciona con el Hígado Graso?

En los últimos años, la evidencia clínica y epidemiológica ha puesto de manifiesto que la obesidad, además de ser un factor común de riesgo para diversas enfermedades, como la diabetes, la enfermedad cardiovascular y determinados tipos de cáncer, se asocia a un mayor riesgo de presentar una enfermedad hepática por depósito de grasa no relacionada con el abuso de alcohol (EHGNA) y contribuye a la progresión de hepatopatías de diferentes etiologías.

La enfermedad por hígado graso no alcohólico (EHGNA), abarca a un grupo de afecciones en las que se presenta excesiva acumulación de grasa dentro del hígado de personas que consumen poco o nada de alcohol. 

La forma más común de esta enfermedad es una afección no grave conocida como hígado graso, en la que se acumula grasa dentro de las células hepáticas. La EHGNA  es cada vez más común en todo el mundo, especialmente en los países occidentales.

En los Estados Unidos, es la forma más común de enfermedad hepática crónica, y afecta aproximadamente a una cuarta parte de la población.

A pesar de que tener grasa en el hígado no sea lo normal, la grasa en sí misma, posiblemente no daña al hígado. Entre las personas con enfermedad por hígado graso no alcohólico, un grupo pequeño podría presentar una afección más grave, llamada esteatohepatitis no alcohólica (EHNA). 

En la esteatohepatitis no alcohólica, la acumulación de grasa se relaciona con una inflamación de las células hepáticas y diferentes grados de fibrosis. La esteatohepatitis no alcohólica puede ser una afección grave, capaz de derivar en la presencia de mucha fibrosis en el hígado y cirrosis. 

¿Cuáles son los síntomas y cómo se detecta?

El hígado graso por lo general no causa síntomas. Algunas personas se sienten cansadas o tienen molestias abdominales vagas. El hígado tiende a aumentar de volumen, lo que puede ser detectado por el médico durante la exploración.

Los análisis de sangre para detectar anomalías en el hígado, como la inflamación, son importantes porque la inflamación puede conducir a la cirrosis. 

Para descartar la existencia de otros trastornos que estén causando anomalías en el hígado, como la hepatitis vírica, se realizan análisis de sangre adicionales.

La ecografía, la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética nuclear (RMN) abdominales, permiten detectar el exceso de grasa en el hígado pero no siempre son suficientes para determinar si existe inflamación o fibrosis.

Diagnóstico y tratamiento

Para confirmar el diagnóstico puede ser necesaria una biopsia hepática. En la biopsia, el médico, tras administrar un anestésico local para disminuir el dolor, introduce una aguja larga y hueca a través de la piel hasta el hígado con el objeto de obtener una pequeña muestra de tejido hepático para su examen al microscopio.

La biopsia ayuda a determinar si existe hígado graso, si es debido al alcohol o a otras causas específicas, así como a determinar la gravedad de la lesión hepática.

Para el hígado graso no alcohólico, los médicos recomiendan perder peso. Bajar de peso puede reducir la grasa, la inflamación y la fibrosis en el hígado.

Los estudios están buscando si un determinado medicamento para la diabetes o la vitamina E puede ayudar.

Hígado Graso y Cirrosis

Tanto la enfermedad del hígado graso relacionado al alcohol como un tipo de enfermedad del hígado graso no alcohólico (esteatohepatitis no alcohólica), pueden conducir a cirrosis.

Los médicos pueden tratar los problemas de salud causados por la cirrosis con medicamentos, operaciones y otros procedimientos médicos. Si la cirrosis conduce a insuficiencia hepática, es posible que necesite un trasplante de hígado.

La cirrosis ocurre cuando el hígado sufre bastantes daños y el tejido fibroso gradualmente reemplaza a las células del mismo, lo que conduce a que el hígado sea incapaz de funcionar adecuadamente.

Dra. Erika Medina Dobelis
Médico internista e intensivista

Edición:
María Alejandra Diez
Coordinadora de Comunicaciones Fundahígado

 

 

 

 

 

 

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