Cirrosis Hepática: ¿En qué consiste?

Cirrosis Hepática: ¿En qué consiste? Cirrosis Hepática: ¿En qué consiste?
30 sept. 2020 03.00p.m.

La Cirrosis Hepática, sus síntomas, causas, tratamiento y cómo evitarla

La cirrosis hepática, también conocida como cirrosis del hígado o simplemente cirrosis, es una enfermedad que consiste en la cicatrización progresiva del hígado o fibrosis.

Esta enfermedad, ocurre cuando el hígado ha sufrido múltiples lesiones a causa de condiciones hepáticas crónicas, pues la cirrosis es parte de una etapa, en la que el órgano lesionado intenta repararse a sí mismo, generando así el tejido cicatrizado.

Por su parte el hígado cirrótico, presenta una superficie irregular que obstruye los vasos sanguíneos del mismo, lo que dificulta sus funciones de descomposición y absorción de nutrientes.

¿Cómo saber si tienes cirrosis hepática? 

Debido a que es una enfermedad progresiva, los síntomas de la cirrosis hepática no se manifiestan de inmediato y pueden variar de acuerdo al avance de la enfermedad.

Algunos síntomas presentados son: fatiga, moretones, fiebre, cambios drásticos de peso, ictericia, sangrado en las heces y/o coloración clara y pérdida de apetito.

También estado de confusión mental, -debido a fallas del hígado que impiden el procesamiento de toxinas. Dichas fallas también pueden llegar a inducir un coma cuando la enfermedad está en una etapa avanzada- y retención de líquido, que deriva en inflamación de tobillos, piernas o abdomen, conocida como ascitis.

Toma en cuenta, que la cirrosis hepática se puede diagnosticar a través de un examen físico que permite determinar el estado de la superficie del hígado. Si esta es suave, es señal de un hígado saludable, pero si es irregular, indica la presencia de cirrosis.

Asimismo, se puede recurrir a tomografías o ecografías, que  proporcionan una imagen del hígado, aunque también se realiza una biopsia -análisis de una muestra del hígado- para confirmar su estado. 

Tratamiento recomendado para la cirrosis hepática 

La cirrosis hepática no tiene cura, pero se puede retrasar su evolución si se detecta en las etapas iniciales. 

El tratamiento usual consiste en medicamentos que ataquen directamente la cirrosis o a enfermedades que puedan ser la causa de ella. 

Es importante seguir el tratamiento, no solo para retrasar el progreso de la enfermedad, sino para disminuir el riesgo de sufrir otras complicaciones que pueden devenir de esta condición. 

Entre las condiciones derivadas de la cirrosis hepática, se encuentra el sangrado por varices, especialmente en el esófago. Esta condición nace de un bloqueo de la vena que conecta los órganos digestivos con el hígado, causando que esta se agrande, lo que la hace propensa al sangrado. 

Con respecto a las condiciones mencionadas anteriormente en el apartado de síntomas, los diuréticos contribuyen a disminuir la retención de líquidos y edemas, y se recomienda una dieta baja en sodio para tratar tanto estas condiciones como la ascitis, para la cual también se sugiere la intervención médica para retirar el líquido extra del abdomen.

Para síntomas como el estado mental confuso, se suelen utilizar medicamentos como laxantes y una dieta especial para eliminar las toxinas remanentes que el hígado no es capaz de procesar por sí mismo.

Otras enfermedades que pueden surgir a raíz de la cirrosis hepática son la diabetes y la pérdida de masa muscular. Además, esta condición es indicio inequívoco de insuficiencia renal y aumenta el riesgo de infección en el paciente.

El último tratamiento al que se mira para casos de cirrosis hepática es el trasplante de hígado, y este solo se realiza cuando el resto de las opciones son inviables o dejan de ser efectivas para la persona que padece de esta enfermedad.

Causas de la cirrosis hepática

Las principales causas de cirrosis hepática son las enfermedades hepáticas crónicas, es decir, prolongadas que afectan al hígado. Entre ellas contamos la hepatitis B y C, y la diabetes, por ejemplo. 

Igualmente, el consumo excesivo de alcohol también contribuye a ocasionar lesiones en el hígado. Si esto se realiza de manera prolongada, es probable que se desarrolle una cirrosis.

¿Cómo evitar la cirrosis hepática?

Se puede prevenir la cirrosis hepática llevando una dieta saludable, que incluya comidas balanceadas, bajas en sal y en grasas, al igual que tener un consumo moderado de alcohol.

Al mismo tiempo, se recomienda llevar un control médico regular para detectar cualquier condición o enfermedad que pueda dañar el hígado y ser causante de cirrosis. 

Tomar prevención para evitar estas enfermedades, también constituye un punto importante para protegerse ante la cirrosis hepática, por lo que es recomendable vacunarse contra infecciones como la hepatitis B y eludir el intercambio de fluídos con personas que las padezcan. 

Verónica Guillén
Redacción – Comunicaciones Fundahígado

Editado por:
María Alejandra Diez
Coordinadora de Comunicaciones y Social Media Fundahígado

 

 

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